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 Guido Coscione

                              "Donde  habita el olvido"

El tren del destino.

Ella camina sola, en apariencia perdida entre un mar de gente en medio de la ciudad gris. Avanza con la frente en alto, cómo desafiando al aire fresco que le roza la cara. Busca un punto de fuga con sus pasos firmes, pero no huye, sólo intenta llegar deprisa a la vieja estación de tren, cuya estructura le atrae de manera casi perfecta. Llega a la misma, se entretiene mirando las vías, juega a contar los durmientes hasta que arriba el ansiado tren. Sube sin prisa, acomoda su cuerpo en el asiento con la ventanilla libre, le gusta mirar el paisaje urbano ...

Navego sólo.

Navego sólo, un mar de sombras abrazan el color manso del agua verde. Me pierdo en el horizonte eterno, que se aleja sin pausa. Mi anciano bote, apenas soporta la ola de fuego, brotando desde el fondo del suelo. Navego sólo, cansadas gaviotas a lo lejos, tiñen el sol de auroras claras, el sonido de las olas mansas, se propaga por el cielo hueco y me quedo mudo ante lo ajeno. Navego sólo, recorro con ansias el color del miedo, observo con que mansa piedad se aleja y quedo perdido en medio del tiempo, que oculta su velo, lejano, perdido y sereno.
Guido ...

El fin de lo cotidiano.

El sonido infinito del despertador me empuja de la cama, caigo rápido bajo una ducha tibia que me arropa y en medio de la bruma clara, encuentro mi rostro dormido en el espejo.
Hace tiempo que no me reconozco, esa imagen recortada impide ver lo frágil, abatido y cansado que estoy.
El cuerpo no miente, duele todo, hasta lo cotidiano.
El aroma del café de las mañanas, se volvió oscuro, el placer del desayuno se tiñó de amargo y la oficina hacia la que camino, se quedó sin aire.
Me detengo como siempre en el kiosco gris de ...

Regreso a casa.

Camino por las huellas de las calles del sur, en el barrio de miradas cansadas. Por una ventana tu rostro sonríe detrás de la puesta del sol. Llueve como aquella vez, oscurece. Huelo tu perfume, cierro los párpados añorando tu cuello, imagino que tus manos me acarician con ternura. Camino por las veredas de tu cama, con el aroma a soledad en la garganta, sus ramas mecen la tibia brisa de tus labios, que en mi sueños recorren sin apuro mi espalda. Una rueda salpica mi cara y logra disfrazar las lágrimas, sólo y mal herido, ...

La noche sobre mi hombro

La tarde se une con el horizonte en una cúpula de fuego testigo mudo el cielo. La arena consume mis pies, una gaviota recorre los huesos de un barco olvidado, sobrevuela en círculos me distraigo observándola; arropo el pecho con la solapa de mi viejo saco negro. La noche sobre mi hombro comulga su paciencia con la sombra de una vela encendida que me espera. ...

El final.

En el lento atardecer, el eterno viento del sur se empeña en pasar por las hendijas de la ventana y el tibio sol del invierno blanco no alcanza para derretir la nieve que se amontona amenazante sobre las canaletas del techo. Miro por la ventana obtusa, la soledad del bosque de pinos con puntas doradas, Mi visión se eclipsa y me empuja impiadosa delante de la estufa roja, que me arropa con un manto de piedad ante el oscuro clima del valle. Estoy absolutamente solo con mis recuerdos, que apenas alcanzo a divisar en la profundidad de un pasado que siempre regresa. Duele ver ...

Tilcara

Pueblo de casas bajas color marrón, que van cayendo desde la quebrada como un manantial de sombras.
Pueblo cansado del viento, que sopla cataratas de tierra fina sobre sus calles empedradas.
Pueblo dormido a orillas del cerro, que espera en silencio al viajero que se asoma cansado.
Pueblo triste detenido en el tiempo, ausente de lluvia, prisionero del calor eterno que seca su tierra apenas sembrada.
Pueblo robusto, que mira en las ruinas de su Pucará, el paso invasor del Inca a quien no pudo derrotar.
Pueblo de gente dura, con miradas cancinas, ausentes e ...

Universo blanco.

Ella otra vez, la hoja de papel en blanco me mira firme a los ojos, no sé qué quiere, no descifro su búsqueda, no comprendo por qué me persigue, tenaz, desafiante como un cazador a su presa.
Está ahí, muy cerca, ouedo sentir su aliento, aletargada, me observa, suave, serena, sospecho que intentará hacerme exorcizar demonios y yo cansado, sigo entregado a una manía extraña de claudicar en el mar de sus deseos.
Por qué razón invadirla de letras sin sentido que a menudo brotan desde un lugar lejano que prefiero ...

Las letras.

Disfruto escribir, apenas una tímida idea se asoma, intento no dejarla escapar, es ese momento mágico donde algo desconocido se desata como un torbellino de letras que se chocan entre si y pugnan por llegar a convertirse en una palabra, que logre amanecer en la hoja de papel, que espera con ansiedad como espera la brisa aromática de la mañana su momento exacto para entrar por la ventana.
Por momentos es imposible deshacerse de las letras, ni siquiera cuando uno duerme. Detesto que me molesten, odio que intenten ver lo que estoy escribiendo, ni siquiera se para ...

Casi nada.

Desde chico me persiguen con una pregunta inquisitoria constante ¿Qué es lo que deseo en esta vida?
Que puede querer alguien que sin entender demasiado el sentido sombrío de la existencia misma, siempre está parado en el lugar de los perdedores.
Qué más quisiera uno que prestar la coraza y la armadura con la que se viste a lo largo de los años y dejar de pelear contra los sórdidos molinos de viento.
Qué otra cosa que afecto se puede pedir a esta altura. Qué otro deseo puede uno tener, más que haber ...

Estamos solos.

Esperar demasiadas cosas de los demás, suele generar una furia acumulativa, el inconformismo extremo lo lleva a uno a caminar como un ciego sin lazarillo.
Pensar que otras personas tienen alguna obligación con uno es un error que cometemos con demasiada frecuencia.
Nadie te debe nada, nadie tiene por qué acompañarte, nadie tiene porque escucharte, ni siquiera están obligados a aceptarte.
Duele aceptar que estamos solos, que los gritos silenciosos a nuestro alrededor pintan sombras a cada uno de nuestros pasos.
Que los demas pueden oir el ...

El sabor del pasado.

Cuando estoy solo frente al espejo observo mi cara avejentada y cansada, llena de incertidumbre, con arrugas pronunciadas que hablan del pasado.
Las palabras que con angustia escribo me saben a pasado.
El café de las mañanas, más amargo y menos reconfortante, me sabe a pasado.
El amor esa tormenta de emociones que se repite sin pausa y con prisa, hacia el nido de los recuerdos, me sabe a pasado.
Es cierto que intento hacer trampas, manipular sin éxito el tiempo del destino, ocasiono a menudo desastres monumentales en mi ser por esa conducta ...

Creer es no saber.

Intente durante mucho tiempo dejar atrás el resentimiento. Tarea difícil, cuando algo te duele demasiado.
No sé cómo permití que obnubilara mi pensamiento durante tantos años. No pude jamás recomponer los lazos rotos ni mi mala relación habitual con los demás. Todo el camino lo subí cuesta arriba y no sé si por decisión propia.
Miro hacia atrás y a menudo me arrepiento de muchos de mis fallidos actos. No avancé mucho en mi vida y apenas si ayudé a avanzar a otros. No ...

La lógica de las mujeres.

La lógica de las mujeres no permite errores de evaluación.
No tolera que existan caminos cuesta abajo.
No funcionan las frases hechas, jamás.
La lógica de las mujeres no se permite el olvido.
No hay casi ninguna duda en sus pensamientos.
No entenderá nunca que olvides ofrecerle un cumplido.
No tolerara jamás que pase un día sin que le digas lo mucho que la amas.
La lógica de las mujeres no se permite de ninguna manera el desinterés.
No soportara nunca que no la mires a los ojos.
La ...

Las cuerdas o el abismo.

Es una sola vida la que tenemos para tantas posibilidades que asoman a ella. Algunas las vamos descubriendo al andar, casi sin querer, como alquimistas a los que les explotan sus laboratorios.
De las cenizas que se lleva el viento surgen nuevas imágenes, se abren ventanas impensadas, se retoman amistades aletargadas, se corren todos los ejes, se desvían las emociones, apenas controladas en largas y despiadadas noches de insomnio.
Me doy el gusto de escribir todas las arbitrariedades que se me pasan por la cabeza, palabras destempladas, arrobos muy íntimos, letras ...

El futuro.

Y sé muy bien que no estarás. No estarás en la calle, en el murmullo que brota de noche de los postes de alumbrado, ni en el gesto de elegir el menú, ni en la sonrisa que alivia los completos de los subtes, ni en los libros prestados ni en el hasta mañana. No estarás en mis sueños, en el destino original de mis palabras, ni en una cifra telefónica estarás o en el color de un par de guantes o una blusa. Me enojaré amor mío, sin que sea por ti, y compraré bombones pero no para ti, me pararé en la ...
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